Nosotros ya hemos tenido ocasión de analizar el nuevo RYZEN 7 1800X de AMD, pero parece que esta nueva generación no se lleva nada bien con Windows 10.
RYZEN ha pasado por unos comienzos complicados, sobre todo por los problemas iniciales provocados por las BIOS inacabadas y las incompatibilidades con memorias RAM a velocidades que superasen los 2.400 MHz.
Afortunadamente todo eso ha ido quedando atrás y las últimas BIOS han conseguido mejorar considerablemente la situación actual de RYZEN y de la plataforma AM4, pero es evidente que todavía hay mucho trabajo por delante, y que AMD no es la única que tiene que «remangarse».
Se ha confirmado que Windows 10 da problemas trabajando con RYZEN, y que los mismos afectan negativamente al rendimiento de los nuevos procesadores de AMD.
El problema es muy fácil de explicar, ya que afecta a la tecnología SMT que permite a RYZEN ejecutar dos hilos por cada núcleo real.
En esos dos hilos se distingue uno principal, que asigna los recursos máximos para obtener el máximo rendimiento, y uno secundario, que es el que recoge los subrerrecursos que van sobrando al primero.
Esto quiere decir que el hilo principal rinde mejor que el secundario, dicho de una forma sencilla. Pues bien, el problema es que Windows 10 no es capaz de hacer esa distinción en RYZEN, y considera al procesador como una CPU con 16 núcleos idénticos e iguales.
A consecuencia de ello no prioriza sobre los hilos principales las tareas más exigentes y se acaba produciendo una pérdida de rendimiento importante.
También existe otro problema importante relacionado con la caché que ya vimos en esta noticia, y que se acumula en la lista de tareas pendientes para que RYZEN ofrezca su verdadero potencial.
Mientras esperamos a que llegue una solución (probablemente una actualización de Microsoft), podemos desactivar el SMT para mejorar el rendimiento.